Mosh

Frency Fernández

Si bien la fotografía sustituyó muchas de las demandas representacionales que concernían a la pintura, y esto cambió el sentido de "lo real" en el arte, su evolución trajo a fines del siglo XX una práctica que asumió la creación lejos de lo documental, del reportaje o el ensayo sobre esa realidad. La fotografía pasó, durante casi un siglo, a entenderse como otro medio de manipulación de lo veraz, hasta constituir una expresión emancipada de su demanda original. De ese modo aseveró su poder, junto a otros medios, para virtualizar una realidad, relativizarla, burlarla y hasta refutarla.

Como en las prácticas fotográficas a niveles internacionales, en el contexto cubano dejó atrás la construcción épica y la mirada a la realidad "real" para ser otra zona de construcción tropológica, conceptual y sensorial. Sin embargo, por esas alternancias o regresos que se dan cíclicamente, en el tránsito del siglo pasado al que vivimos se apreció un sutil giro interno hacia una especie de realismo "sucio", de hiperrealismo cotidiano, pero de un modo diferente a lo entendido dentro de su tradición.

Es en esa línea que Leandro Feal comienza hace unos años un cuantioso gabinete fotográfico, principalmente anclado al medio analógico. Mas ha sabido aplicar una clave precisa que no debemos eludir: mirar a donde todos miran pero de un modo diferente. Considero que él lo logra por sensibilizarse con una realidad más personal, íntima, sencilla, como un registro temporal de sucesos comunes; pero sin caer de un modo particular en los clichés que otros muchos padecen.

Es como que sus fotografías poseen eso que le llamamos "swing" y no podemos explicar, sencillamente lo consigue. Porque hay procesos y resultados que se alcanzan por vías donde la intuición es esencial, con un "algo" que no se aprende: se posee o no. Y es su caso de esos que gozan de esa gracia para poder crear imágenes desde una realidad sin afeites pero con ese hálito que nos hace detenernos en un juego perceptivo.

Es de esos modos que Leandro, junto a unos pocos, se convierte en un "termómetro" del espíritu de una época. Porque sus obras nos sitúan en un tiempo determinado que busca su trascendencia. Porque de un extraño modo escudriña en un segmento social que se halla entre el extravío y la esperanza de vida. A la vez que propicia un juego por reconocernos en esos pequeños espacios de intimidad y ofrece un puzzle de una contemporaneidad nihilista u opuesta a los desmanes ejercidos sobre nosotros. 

Tras un tiempo sin verle en el inside, ahora tenemos con DONDE NADIE ES EXCLUSIVO la posibilidad de constatar cómo ha mantenido esa sensibilidad personal para hacer del paparazzi algo familiar, cercano y no impertinente; pero desde una cotidianeidad que se enlaza con lo alternativo, con lo proscrito, con una grácil insolencia, con un matiz que nos espeta que su percepción es actual −con cierta herencia barthesiana en los modos de crear ambientes, angulaciones y énfasis−, no deja de ser minimalista aun manteniendo una austeridad y elegancia de lo que "registra".